Sacrificio de niños

Sacrificio de niños

Por Mariano Serer Mora

Este podcast lo realicé el 21 de abril de 2021 teniendo en mente lo que está sucediendo con el conflicto en las escuelas argentinas. Soy docente y no puedo negar la terrible realidad de muerte que estamos viviendo por el Covid-19. Al mismo tiempo no puedo cerrar los ojos frente a la desfachatez de los políticos, una riña de gallos que parece olvidar a los más débiles y vulnerables de la sociedad. Ayer como hoy, el ser humano sigue sacrificando niños y niñas.

Hoy comentaré el episodio donde Dios le pide a Abraham sacrificar a su hijo Isaac. Lo puedes encontrar en Génesis 22, 1-19. De esta interpretación dependen muchas opciones de vida. Ahí va la mía.

El primer patriarca bíblico, Abraham, según mi mirada, nos muestra dos modos de ser. El primero es el héroe de la fe, el creyente sin límites, no porque es capaz de sacrificar a su hijo para satisfacer la sed de Dios, sino porque Abraham SABE, CREE, CONFÍA que Dios va a entregar, en el altar de piedra, ese cordero para el sacrificio, sabe que nunca tendrá que matar a su hijo, de lo contrario, no lo haría. Eso lo haría héroe, de antemano entiende la jugada de Dios, está seguro que el Creador no le dejará atacar a Isaac.

Por el otro lado, y siendo justo con la historia, está el Abraham sombrío, el idólatra, el que cree que el primogénito debe ser sacrificado a los dioses para obtener una recompensa. Tengamos en cuenta que el pueblo hebreo, antes del monoteísmo, practicaba el sacrificio de niños, como lo hacían otras culturas. En el momento más temible, más tensionado del relato, aparece Dios que le dice a Abraham, así lo imagino yo: “Hasta aquí llegarás, porque el Señor tu Dios aborrece los sacrificios humanos y no hay nada que debas hacer para satisfacerme. La vida es sagrada”. Posteriormente, Dios revelará en el salmo 50, que tampoco gusta de los sacrificios de animales, pero para ello, te he grabado otro podcast.

Pero, ¿Qué estamos sacrificando hoy? ¿Cuál es nuestra idolatría? ¿dónde están los Isaac de hoy? ¿En qué altar de piedra estamos poniendo a los niños y niñas y a qué dioses queremos satisfacer? ¿dioses políticos, dioses jurídicos, dioses del poder?

Al final, no entendimos mucho de nada, ¿quiénes nos mueven? ¿El Dios de la vida o los dioses mundanos de la política mediocre, de la pelea de gallos?

Así imagino lo que sigue:

Al ver esto, Jesús dijo a su Padre-Abbá: Yo voy, yo ingresaré al mundo de la muerte, seré el cordero en el altar, pero no para satisfacernos sino para trasformar la sombra en luz y salvar a la humanidad.

Iré para mostrar la verdadera justicia; seré juez entre las naciones y árbitro de pueblos. Transformaré sus espadas en arados para trabajar la tierra que les has regalado; y convertiré sus lanzas en podaderas para que cosechen los frutos que donaste. Ya no levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. (Is 2,4)

Pero un ángel levantando la mano le dijo: Señor, no entiendo bien tu metáfora, ¿qué quieres decir?

Jesús contestó: convertiré a los políticos y sus secuaces en comunidades de base, trabajadores de la misericordia y amantes de la verdad, lo que moverá sus fuerzas será el bien común y se apartarán de toda corrupción.

Hubo un gran silencio en el cielo… algo olía a crucifixión. La Trinidad se miró entre ella; Dios Padre asintió con su cabeza y miró con sus ojos en lágrimas compasivamente a su Hijo Jesús. Dios Hijo guiñó su ojo derecho mirando al Padre y sonrió. y el Espíritu Santo abrazó con amor la escena completa. Los Tres pronunciaron al unísono: “Aquí estoy, no tengas miedo, esta es nuestra promesa”:

“Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó”.  Mira que Yo hago nuevas todas las cosas. (Ap 21,3-4) Amén.

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