La teología de Jesús

La teología de Jesús

Por Mariano Serer Mora

La teología de Jesús está centrada en el amor de Dios, mientras que las doctrinas cristianas que muchos teólogos e iglesias proponen suelen estar centradas en el pecado de la humanidad. El acento con tilde en las palabras, nos marca diferencias para aquellas que son fonéticamente iguales. No es lo mismo decir amen que amén. En el primer caso nos referimos al verbo amar, conjugado en modo imperativo de la segunda persona del plural. En el segundo caso nos referimos a la palabra amén que proviene del hebreo y significa “así es”, “esto es así”. Una y otra palabra, no tienen que ver entre sí; cada una en la frase que estén nos llevará por distintos caminos. El acento cambia los caminos; y en la teología sucede similar, pues la teología también es un lenguaje que necesita ser expresado, escrito, hablado, anunciado. Según el acento de lo anunciado, el mensaje varía completamente.

Entonces, si el acento está puesto en el pecado, dará como resultado un dios (con minúscula) más parecido a los pecadores, es decir, un dios que no tiene poder total para la redención y deja la posibilidad de que alguien viva eternamente alejado del Reino definitivo de Dios. Es como sucede con la cadena perpetua; se supone que si alguien no hizo lo que debía hacer e hizo todo lo contrario, la “justicia humana” dictamina semejante sentencia.

Ahora, si el acento está puesto en la misericordia de Dios, es decir, en cómo Dios mira al hombre y no en cómo el hombre mira desde su pecado a Dios; la teología será un camino de sanación que incluye la eternidad asegurada en los brazos de Dios y desmantela cualquier tipo de venganza.

La propuesta es cambiar la tilde en la teología de la sanación como redención y el perdón como pedagogía de ser asumidos en Dios. Si ponemos el acento en el pecado del hombre, pensaremos que es el hombre el soberano de la Creación y del destino final después de la muerte. Esto también da como resultado el creer que los actos del hombre en el pecado son por libertad; mientras que en la teología que pone el acento en Dios, no hay libertad cuando optamos por el pecado. Y esa línea delgada también cambia la línea teológica y sus consecuencias.

Esto es un escándalo para la noción de libertad con la que se maneja el mundo entero. El Dios de Jesucristo no tiene la misma lógica jurídica con la que juzgamos a los hombres y mujeres del mundo. Dios nos presenta sus infinitas mejillas hasta lograr arrepentirnos y comprender libremente que somos amados como hijos, y no odiados como presos; y que la eternidad es una gracia inmerecida, no barata, sino vulgar y gratuita.

Cuando, con el salmista, nos preguntamos “¿con qué pagaré al Señor todo el bien que nos hizo?” (Salmo 116,12); Jesús responde: “no nos debes nada, recuerda que mi Dios es un padre cariñoso (Sal 103) y yo te iré a buscar con Él cada vez que te alejes de nosotros, dejando todo lo que tenemos; y te encontraremos. Y ese encuentro será una fiesta verdadera” (cf., Lc 15, 4-6).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *