Capítulo 3. María, ezer, esposa y mamá

Capítulo 3. María, ezer, esposa y mamá

Por Mariano Serer Mora

María es una mujer Ezer, venimos diciendo en esta serie. Y también hemos dicho que ezer puede significar ayuda o guerrera. Al decir guerrera no estamos diciendo que María salía a matar gente y que era una mujer violenta. Eso sería inventar algo que no nos dice el Nuevo Testamento e ir en contra de la realidad cultural y religiosa a la que pertenecía María. Decimos guerrera como metáfora de mujer valiente y jugamos con la palabra Ezer porque al significar ayuda o guerrera, queremos decir que María es una mujer judía valiente y servidora de los más débiles, guerrera de la paz, no de la violencia.

Hoy queremos contarte sobre la María que dio a luz a Jesús, junto a José su esposo y algunos parientes. La historia folclórica que tenemos en mente nos viene de una novela escrita 200 años después del nacimiento de Jesús. Hablamos del llamado protoevangelio de Santiago, donde se nos narra que Jesús nació en una cueva casi antes de entrar a la ciudad de Belén. De ahí nuestros pesebres medios solitarios. Pero el evangelio de Lucas no nos cuenta nada de cuevas. Lucas nos dice:

Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria.

Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala de huéspedes. (Lc 2, 1-7)

Cuando se dice que no había lugar en la sala de huéspedes, el texto griego dice Katalyma, que es justamente esa parte de las casas del siglo I en Palestina: una habitación de huéspedes. ¿Dónde llegó la Sagrada Familia para dar a luz al Salvador? Sabemos por el evangelio, que José era de Judea, de la ciudad del rey David; Belén. Entonces debía registrarse allí con su familia. José, al que también podemos llamar ezer, guerrero en el sentido de hombre valiente y buscador de la paz; tenía familia y todos hubiesen estado dispuestos y gustosos de tener la honra de recibirlo para semejante suceso de un nacimiento. Debemos pensar a las familias de medio oriente, ayer y hoy como sociedades extremadamente solidarias, con un espíritu de ayuda que no se ve en las grandes ciudades. José y María habrán planificado la subida de Nazaret a Judea, unos 125 km de camino aprox. por tierras de labranza y olivares. Si al llegar, no hubiese habido familiares de José que los recibieran, hubiesen caminado unos kilómetros más hasta la casa de Isabel y Zacarías, familiares de María. Es injusto creer que nadie los recibió, eso no condice con el honor de los pobladores antiguos de medio oriente. Al llegar a la casa de quienes lo recibieron, no había lugar en la habitación de huéspedes, entonces le dieron la habitación principal y todo se limpió para ello. Porque ningún niño de medio oriente en la Palestina de Jesús, puede nacer en un lugar sucio. Por cierto, decir que Jesús nació en medio de los desechos de animales nos sirve para predicar sobre que el Salvador vino a nacer entre lo más desechable; pero a los efectos históricos eso es inadmisible. Los judíos tenían normas muy asimiladas de limpieza corporal y ritual. Ningún judío hubiese permitido que un niño venga al mundo sin preparación del lugar.  Cierto es que las historias tradicionales de Navidad nos cuentan del apuro de María y José y es muy bello eso, pero no es la historia que se nos cuenta en La Escritura.

¿Cómo era esa casa? Posiblemente era una casa típica de dos habitaciones. ¿De dónde sacamos este dato? El mismo evangelio de Lucas, cuando nos narra que Jesús manda a preparar el lugar para el festejo de la cena de pascua, su última cena; se nos describe la katalyma como el aposento alto para huéspedes (Lc 22,10-12). Si al final del evangelio, katalyma significa aposento alto, o habitación de huéspedes en un nivel superior del suelo, no hay por qué pensar que al principio del mismo evangelio, katalyma signifique algo distinto.

María dio a luz a Jesús como todas las mujeres dan a luz, tuvo contracciones, habrá gemido de dolor tal vez, transpiró al pujar, lloró quizá; y se alivió y alegró al ver nacer a su hijo. Fue un momento indescifrable, asombroso por haber creado junto al Creador. Luego, lo habrá revisado, inspeccionado y acariciado de manera tierna observando que todo estuviera bien. Emocionada de comenzar a cuidarlo, ahora fuera del vientre, ya nada preocupaba más que Jesús bebé, se sentía una Ezer de verdad con su niño en brazos. La Ezer de la paz tenía en brazos al Salvador del mundo, al amigo de los más débiles. María tuvo en brazos la fragilidad misma del Dios Todopoderoso.

Jesús, hijo de María y José; nació en una casa que podría haber sido de familiares o amigos de José, no en la katalyma, porque había otros huéspedes, sino en la habitación familiar, y fue acostado en un pesebre, limpio, limpísimo; y casi seguro que no estaban los animales en el establo, nadie hubiese permitido eso; los animales habrían sido sacados fuera de la casa y atados. María, la ezer madre y José su ezer esposo tuvieron un momento familiar, cálido y bello donde recibir al bebé Jesús. Para el mundo judío, tener un hijo era la mayor honra que alguien podía alcanzar, mucho más que todas las riquezas del mundo. Luego vinieron los pastores, los más pobres de la ciudad a recibir al Salvador y a dar las felicitaciones a la sagrada familia por el don de la vida que Dios les estaba ofreciendo.

María, José y el niño Jesús, se transformaban en la familia Ezer que reflejaba el amor inmenso de Dios a los humildes y desde los humildes, a toda la Creación.

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